
Un rito adolescente que todos soñamos con atravesar, es el del viaje iniciático.
Es la fantasía de salir en búsqueda de algo, que nunca se sabe bien qué es, lejos de los adultos y con la posibilidad de encontrar al amor de tu vida en el trayecto. Pero, fundamentalmente, de esos viajes nunca nadie regresa siendo la misma persona. Un poco más adulto, tal vez.
De hecho, el cierre de la vida educativa juvenil argentina se corona con el viaje iniciático por excelencia: el viaje a Bariloche.
Claro que dista mucho de los viajes de Ulises o del Quijote. Ni siquiera se acercan a los viajes de Marty Mc Fly. Termina siendo un fiasco donde no se desayuna, se almuerza mal y se cena peor. Y donde solo en algunas honrosas ocasiones, no se cumple el objetivo inicial (que es coger con alguien, por supuesto).
Tomábamos mate con Coqui, mientras charlábamos de las ganas de vacaciones y de subirnos a un auto y salir a la ruta.
- Dire, hablando de viajes, ayer ví una película que me dejó re pensando.
- Qué película viste, Coqui?
- Una de un chabón que se iba con su amigo, los dos en una moto, a recorrer países. Te juro que yo quiero tener una vida así, luchar por mis ideales, viajar sin límites de horarios y sin tener que laburar. Pero no me acuerdo el nombre de la película.
- Con Gael García Bernal? No es la de la historia del Che?
- Ehhhhh, no me acuerdo. Se trata de dos pibes que eran estudiantes de medicina, uno es cordobés. Después se les rompe la moto y terminan trabajando en un lugar de leprosos.
- Sí, Coqui. Cuenta la historia del Che cuando era joven.
- Si, tenés razón. "Diarios de un motoquero", creo que se llama.


A
Con el pobre 



